Emergencia Vial

Abril 10, 2008


La importancia de la vialidad en Argentina ha crecido considerablemente en los últimos años con cifras que espantan inclusive a los más optimistas. Esto es porque el fenómeno se está reproduciendo a un ritmo considerable en un contexto donde miles de personas mueren por año en accidentes de tránsito.

Según estadísticas de Luchemos por la Vida - Asociación civil, en 2007 murieron 8104 personas por accidentes de tránsito, un 7.2% más que en 2006 y un 8.8% más que en 2005. Así se obtiene un promedio de 676 personas por mes o 22 personas por día que fallecieron en 2007. De todas formas, estas cifras son las más pesimistas y otras organizaciones y estadísticas hablan de entre tres mil y cuatro mil. Lo cierto es que la proporción de este tipo de accidentes está mostrando año a año cifras cada vez más altas.

Ante este contexto la pregunta es cómo lidiar con esta situación que parecería que se está saliendo de control. Evidentemente las medidas implementadas, si es que las hay, carecen de eficacia y el índice sigue incrementándose. Entonces, ¿Por qué este país sufre tanto los efectos de los accidentes viales? ¿Cuáles son las medidas correctas a tener en cuenta para resolver o, al menos en primera instancia, para reducir la mortandad por accidentes de tránsito?

Existen dos puntos de vista que tratan de responder esta pregunta; uno largoplacista y otro cortoplacista, que si bien se desarrollan paralelamente, deberían darse en conjunto para atacar de lleno el problema y abarcar todas las variables de esta cuestión.

En primer lugar, podríamos hablar de gran cantidad de factores que ocasionan accidentes: exceso de velocidad, violación de las señalizaciones, falta de respeto por el peatón, desconocimiento de las normas por parte del peatón, etc. En otras palabras, estamos hablando de falta de instrucción vial en general. ¿Cuántas veces hemos visto autos pasando semáforos en rojo, o peatones cruzando por mitad de una calle con semáforo en verde? Creo que con tan solo un poco de autocrítica nadie queda eximido de haber violado alguna norma vial, ya sea como peatón o conductor.

Me voy a permitir llevar esta cuestión a un nivel de abstracción un poco más alto. Toda esta problemática está sin duda ligada a la concepción de ciertos valores sociales y ciertas prácticas culturales. Esta violación de normas está generalizada y socialmente aceptada.
¿Cuántas veces hemos cruzado mal la calle en frente de un policía sin que este se de cuenta siquiera que estábamos violando una norma vial? Pero además, esto lleva detrás una carga de inconciencia, porque nadie visualiza los posibles efectos; de omnipotencia, porque nadie piensa que el accidente le puede suceder a uno; y de individualismo, ya que es el rasgo argentino por excelencia hace ya bastante y se viene acentuando cada vez más con el correr del tiempo.

Es por esto que se requiere un cambio radical y de raíz, es decir, atacar el problema desde lo profundo del inconciente cultural de la sociedad; un cambio que reformule los valores que se encuentran distorsionados. Un cambio que no se da de un día para el otro y que llevaría años y hasta generaciones en concretarse – en caso de que se produjera-. De todas formas, mis expectativas son bastante pesimistas. Los grandes cambios culturales son muy complicados de llevarse a cabo, especialmente por la resistencia al cambio de los actores sociales. ¿Cómo hacerle entender a un conductor que es mejor no pasar un semáforo en rojo si puede hacerlo sin ninguna sanción y llegar más rápido a su casa? ¿Cuánto más rápido va a llegar? ¿Un minuto? ¿Cómo hacer que la policía deje de pedir y recibir coimas si no obtiene ninguna sanción al respecto y además piensa que su sueldo no es digno? Lo más grave es que nadie se da cuenta de cuánto daño se le está haciendo a la sociedad y a los valores como miembros de esta. Ciertamente esto es consecuencia de un proceso de destrucción y polarización social que el país viene sufriendo desde hace mucho tiempo.

Por otro lado, existen algunas medidas un poco más tangibles y realizables en el corto plazo. Hay que entender que las cifras son exorbitantes y es necesario tomar medidas de impacto inmediato que produzca una baja en el índice. No caben dudas de que estamos hablando de una emergencia vial. Si un niño llega a un hospital delirando de fiebre, el médico probablemente le proporcione un medicamento para bajarla y luego le hará los estudios correspondientes para conocer la causa de su estado. De esta forma, ¿cuál es el medicamento adecuado que baja la fiebre de la vialidad argentina?

El 10 de abril de 2008 se aprobó en el Congreso la ley que habilita la quita del registro por puntos. De esta forma, el gobierno sigue con su afán de parecerse a los países de Europa. Lo que las autoridades evidentemente no entienden es que los países europeos son del primer mundo justamente por el cuidado las variables sociales antes mencionadas. Y gracias a esa calidad social pueden permitirse medidas como la quita de registros por puntos. En Argentina no existe garantía de que un policía aplique este sistema por no ofrecerle coimas o, peor aún, que ante una infracción no sea aplicado el sistema por ofrecerlas. Lo que se está tratando de decir es que las condiciones de base no permitirán un adecuado desenvolvimiento y cumplimiento de esta ley. De hecho, la injusticia tendría más herramientas.

La primera medida correcta e inmediata debería ser el ensanchamiento de las principales rutas del país. A esta altura, está de más decir que todas las rutas deberían tener al menos dos carriles por mano. Desde que la ruta 2 fue ensanchada, los accidentes mortales disminuyeron notablemente, y si bien hoy en día los sigue habiendo, las proporciones son casi insignificantes con respecto a la vieja ruta. Es verdad que una medida de este tipo requiere una inversión de gran envergadura. Pero dada la gravedad del asunto es necesario hacerlo posible.

La solución de este problema requiere medidas efímeras pero necesarias, pero por sobre todas las cosas, un cambio conceptual de ciertas raíces culturales sin las cuales ningún cambio resulta viable.


Quién vs. Quién

Abril 3, 2008

Mientras los medios de comunicación golpean al gobierno y hablan de un paro histórico, quisiera tratar de reflexionar acerca de algunas cuestiones.No es mi intención ponerme en ninguno de los dos lados, sino generar una reflexión que deje algo, y tratar de explicar esto de manera que se entienda mi punto de vista del conflicto.En primer lugar, me gustaría repasar cuál es la base de este conflicto, que creo que muchas veces es pasado por alto y muchas de las personas que protestaron en Plaza de Mayo parecería que no la conocieran.El sector rural se vio beneficiado en los últimos años por un contexto internacional favorable donde el precio de los “commodities”, que incluye a la carne, la soja, etc., aumentó de manera considerable y donde el valor del dólar fue subsidiado por el gobierno, lo que posibilitó por parte de este sector una acumulación de riquezas considerable desde 2002.Ante esta situación, no hay ninguna duda que resulta más redituable para el sector exportar sus productos a un precio internacional en dólares que venderlo en el mercado interno con precios máximos y en pesos. De esta manera aparecen, como todos vemos, góndolas vacías y precios exorbitantes que aumentan las expectativas inflacionarias.Es así que veo una de las posturas más coherentes de los últimos años del gobierno: como estado su prioridad es asegurar el abastecimiento del mercado interno, para que todos tengamos acceso a estos productos, y destinar a la exportación todo lo que no se asigne al ámbito local. Para esto, el gobierno decidió aumentar las retenciones a las exportaciones que, si bien es una medida que puede parecer injusta, uno puede estar o no a favor, pero no deja de ser coherente. Lo que el gobierno trata de hacer es generar una tendencia en la que vender los productos en el país o en el exterior sea indiferente y así asegurarse el abastecimiento interno. Por otro lado, la recaudación de estas retenciones fue, en gran medida, lo que posibilitó el subsidio del dólar y que haya una gran transferencia de ingresos al sector agropecuario que se vio beneficiado por ingresos en dólares y costos en pesos. Así, de alguna manera, el sector rural está reclamando por medidas que lo ha beneficiado ampliamente y que ahora no lo hace.Sin embargo, resulta indispensable establecer ciertas diferencias dentro de lo que llamamos “el campo”. Los grandes grupos rurales y exportadores se alinearon junto con los pequeños productores que poco tienen que ver con los anteriores. Si bien ambos sectores reclaman bajo la misma bandera, ambos grupos representan intereses muy distintos. Es evidente que los pequeños son los más perjudicados con esta medida. Pero hay que recordar que la actividad del pequeño productor consiste en vender la totalidad de su mercadería a grandes grupos que se encargan de exportarla. Entonces, ¿quién perjudica realmente a los pequeños productores?¿El gobierno con esta medida o el sistema rural argentino embanderado por los grandes productores agropecuarios, que convierten a los pequeños en “esclavos” obligados a vender su producción a quienes tienen el poder de exportar y conseguir mercados internacionales a precios internacionales?Lo cierto es que el gran error del gobierno fue haber dejado que ambos grupos reclamen en conjunto, y no abrir la negociación por diferentes lados. El gobierno debe articular medidas en conjunto reteniendo a los grandes productores agropecuarios y acompañando a los pequeños mediante políticas activas que los sostenga. Esta diferencia que parece pequeña fue lo que generó que el conflicto se potenciara y que las ciudades salieran a reclamar en un ámbito de protesta inadecuado y bastante difuso donde no se sabía si se apoyaba a los pequeños productores, a los grandes terratenientes o si se protestaba por la inflación y la manipulación del índice por parte del INDEC.Nada de esto pudo detener que la agrupación piquetera llegara a contrarrestar la protesta en una sorpresiva llegada con olor a gobierno. Sin embargo, hay algo que no debe escaparse del análisis, que es el rol de los medios de comunicación en toda esta cuestión, que no hicieron más que enardecer la situación mediante periodismo amarillista. Algunos medios comparaban de manera absolutamente irresponsable la protesta con los episodios de Diciembre de 2001; otros hablaban de un paro histórico. Son los mismos que ponían a los piqueteros en el lugar de inadaptados cuando reclamaban por comida y trabajo y que ponen hoy a los “piquetes” rurales en lugar de víctimas. Es más que evidente que estos medios influyeron activamente en el agravamiento de la situación con pobres análisis y agregados innecesarios.Lo más importante es encontrar las fallas en el problema y no perjudicar a los pequeños productores que parecería que se están perjudicando con este paro. Y algo también importante, separar los dos sectores del campo que nos va a ayudar a comprender mejor la situación. Desde este punto de vista, ¿está bien apoyar este reclamo, donde se tiran y queman kilos de comida en un país que todavía sufre los efectos del hambre? ¿No es esta una imagen bastante más violenta que piqueteros desplazando a los protestantes en Plaza de Mayo? Evidentemente hay ciertos valores sociales que están lo suficientemente distorsionados para que ningún medio repare en estas cosas.De esta forma, invito a todos a no ubicarse en ninguno de los dos lados, hacer una reflexión acerca de lo que está pasando y a no dejarse llevar por lo que todos dicen, ya que muchas veces la información disponible dista mucho de la verdad.