La importancia de la vialidad en Argentina ha crecido considerablemente en los últimos años con cifras que espantan inclusive a los más optimistas. Esto es porque el fenómeno se está reproduciendo a un ritmo considerable en un contexto donde miles de personas mueren por año en accidentes de tránsito.
Según estadísticas de Luchemos por la Vida – Asociación civil, en 2007 murieron 8104 personas por accidentes de tránsito, un 7.2% más que en 2006 y un 8.8% más que en 2005. Así se obtiene un promedio de 676 personas por mes o 22 personas por día que fallecieron en 2007. De todas formas, estas cifras son las más pesimistas y otras organizaciones y estadísticas hablan de entre tres mil y cuatro mil. Lo cierto es que la proporción de este tipo de accidentes está mostrando año a año cifras cada vez más altas.
Ante este contexto la pregunta es cómo lidiar con esta situación que parecería que se está saliendo de control. Evidentemente las medidas implementadas, si es que las hay, carecen de eficacia y el índice sigue incrementándose. Entonces, ¿Por qué este país sufre tanto los efectos de los accidentes viales? ¿Cuáles son las medidas correctas a tener en cuenta para resolver o, al menos en primera instancia, para reducir la mortandad por accidentes de tránsito?
Existen dos puntos de vista que tratan de responder esta pregunta; uno largoplacista y otro cortoplacista, que si bien se desarrollan paralelamente, deberían darse en conjunto para atacar de lleno el problema y abarcar todas las variables de esta cuestión.
En primer lugar, podríamos hablar de gran cantidad de factores que ocasionan accidentes: exceso de velocidad, violación de las señalizaciones, falta de respeto por el peatón, desconocimiento de las normas por parte del peatón, etc. En otras palabras, estamos hablando de falta de instrucción vial en general. ¿Cuántas veces hemos visto autos pasando semáforos en rojo, o peatones cruzando por mitad de una calle con semáforo en verde? Creo que con tan solo un poco de autocrítica nadie queda eximido de haber violado alguna norma vial, ya sea como peatón o conductor.
Me voy a permitir llevar esta cuestión a un nivel de abstracción un poco más alto. Toda esta problemática está sin duda ligada a la concepción de ciertos valores sociales y ciertas prácticas culturales. Esta violación de normas está generalizada y socialmente aceptada.
¿Cuántas veces hemos cruzado mal la calle en frente de un policía sin que este se de cuenta siquiera que estábamos violando una norma vial? Pero además, esto lleva detrás una carga de inconciencia, porque nadie visualiza los posibles efectos; de omnipotencia, porque nadie piensa que el accidente le puede suceder a uno; y de individualismo, ya que es el rasgo argentino por excelencia hace ya bastante y se viene acentuando cada vez más con el correr del tiempo.
Es por esto que se requiere un cambio radical y de raíz, es decir, atacar el problema desde lo profundo del inconciente cultural de la sociedad; un cambio que reformule los valores que se encuentran distorsionados. Un cambio que no se da de un día para el otro y que llevaría años y hasta generaciones en concretarse – en caso de que se produjera-. De todas formas, mis expectativas son bastante pesimistas. Los grandes cambios culturales son muy complicados de llevarse a cabo, especialmente por la resistencia al cambio de los actores sociales. ¿Cómo hacerle entender a un conductor que es mejor no pasar un semáforo en rojo si puede hacerlo sin ninguna sanción y llegar más rápido a su casa? ¿Cuánto más rápido va a llegar? ¿Un minuto? ¿Cómo hacer que la policía deje de pedir y recibir coimas si no obtiene ninguna sanción al respecto y además piensa que su sueldo no es digno? Lo más grave es que nadie se da cuenta de cuánto daño se le está haciendo a la sociedad y a los valores como miembros de esta. Ciertamente esto es consecuencia de un proceso de destrucción y polarización social que el país viene sufriendo desde hace mucho tiempo.
Por otro lado, existen algunas medidas un poco más tangibles y realizables en el corto plazo. Hay que entender que las cifras son exorbitantes y es necesario tomar medidas de impacto inmediato que produzca una baja en el índice. No caben dudas de que estamos hablando de una emergencia vial. Si un niño llega a un hospital delirando de fiebre, el médico probablemente le proporcione un medicamento para bajarla y luego le hará los estudios correspondientes para conocer la causa de su estado. De esta forma, ¿cuál es el medicamento adecuado que baja la fiebre de la vialidad argentina?
El 10 de abril de 2008 se aprobó en el Congreso la ley que habilita la quita del registro por puntos. De esta forma, el gobierno sigue con su afán de parecerse a los países de Europa. Lo que las autoridades evidentemente no entienden es que los países europeos son del primer mundo justamente por el cuidado las variables sociales antes mencionadas. Y gracias a esa calidad social pueden permitirse medidas como la quita de registros por puntos. En Argentina no existe garantía de que un policía aplique este sistema por no ofrecerle coimas o, peor aún, que ante una infracción no sea aplicado el sistema por ofrecerlas. Lo que se está tratando de decir es que las condiciones de base no permitirán un adecuado desenvolvimiento y cumplimiento de esta ley. De hecho, la injusticia tendría más herramientas.
La primera medida correcta e inmediata debería ser el ensanchamiento de las principales rutas del país. A esta altura, está de más decir que todas las rutas deberían tener al menos dos carriles por mano. Desde que la ruta 2 fue ensanchada, los accidentes mortales disminuyeron notablemente, y si bien hoy en día los sigue habiendo, las proporciones son casi insignificantes con respecto a la vieja ruta. Es verdad que una medida de este tipo requiere una inversión de gran envergadura. Pero dada la gravedad del asunto es necesario hacerlo posible.
La solución de este problema requiere medidas efímeras pero necesarias, pero por sobre todas las cosas, un cambio conceptual de ciertas raíces culturales sin las cuales ningún cambio resulta viable.
Escrito por Ezequiel Kirchuk
Escrito por Ezequiel Kirchuk